Anoche tuvo lugar la premiere oficial de Chicago, la última apuesta de la productora Stage Entertainment, que llega al Teatro Coliseum con la promesa de llenar la Gran Vía de adulterio, asesinatos, ambición, baile y mucho jazz. Una noche de estreno que contó con la presencia de John Kander, compositor de partituras para musicales como Cabaret, Kiss of the Spider Woman y, por supuesto, Chicago.
Aunque Chicago ya pasó por la cartelera madrileña hace exactamente diez años, en una versión dirigida por Ricard Reguant, esta es la primera vez que nos llega la misma producción que desde los 90 triunfa en los escenarios de Broadway y el West End de la mano del director Walter Bobbie y la coreógrafa Ann Reinking, un impecable montaje en el que prima la austeridad y la ausencia de grandes elementos escenográficos. Habrá quien encuentre un inconveniente en esto, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia a la espectacularidad que ha seguido el teatro musical en los últimos años, pero lo cierto es que Chicago no lo necesita. Aquí no hay trampa ni cartón, y todo el peso recae en los intérpretes y particularmente en el cuerpo de baile, que han de enfrentarse desnudos al potente libreto de Bob Fosse y Fred Ebb, una genial sátira sobre la corrupción del sistema judicial y la manipulación de la prensa sensacionalista.
Por tanto, aunque probablemente nos encontremos ante uno de los mejores y más completos musicales de la historia, toda la grandeza de Chicago no sería nada sin un buen reparto que le haga justicia. No en vano, si echamos la vista atrás, encontramos que por sus diferentes puestas en escena han desfilando auténticos mitos como Chita Rivera, Gwen Verdon, Bebe Neuwirth, Liza Minnelli, Ute Lemper o la propia Ann Reinking, por citar sólo algunas. Pero aquí no se trata de comparar ni de buscar referentes. Los responsables de la producción española de Chicago se han esmerado en encontrar un sólido elenco capaz de defender con elegancia una galería de personajes cínicos y faltos de escrúpulos, pero también de esos que logran ganarse el favor del público.
Ya desde los primeros acordes del famoso All That Jazz, una sexy y brillante Natalia Millán hace suyo el personaje de la asesina Velma Kelly y demuestra que definitivamente se mueve como pez en el agua en el estilo Kander y Ebb, mientras que Marcela Paoli, para quien Roxie Hart es una vieja conocida, posee de sobra todo el histrionismo y la falsa inocencia que requiere su papel. Un correcto Manuel Bandera completa el trío protagonista de este Chicago, que además guarda otras muchas sorpresas como la gran voz de Linda Mirabal (Mama Morton) o la versatilidad de Gerónimo Rauch (Mary Sunshine).
Por supuesto, no podemos dejar de mencionar al estupendo cuerpo de baile, que aprueba con nota alta la complicada labor de ejecutar las famosísimas y reconocibles coreografías a lo Bob Fosse, sin duda, la esencia de este musical.
Y si me lo permiten, voy a terminar esta crítica con una pequeña reflexión acerca de la cartelera madrileña de teatro musical. No seré yo quien no se alegre por el regreso del magnífico Chicago a nuestros escenarios, porque cumple a la perfección lo que deberíamos pedirle como mínimo a todo musical: un libreto con sustancia, un repertorio de canciones que estén al servicio de la historia y un elenco a la altura de las circunstancias, condiciones que por desgracia no siempre se cumplen. Sin embargo, uno no puede quitarse de encima una cierta sensación de que siempre son los mismos títulos los que van pasando por los teatros de la ciudad. Y teniendo en cuenta que aún nos queda mucho por ver, yo creo que ya va siendo hora de que se empiece a apostar por musicales nuevos que nunca han levantado el telón en la Gran Vía, requisito a todas luces imprescindible para alcanzar la verdadera madurez del género en nuestro país.
Eso sí, mientras tanto, no se pierdan Chicago.
Chicago me conquistó. Me conquistaron sus protagonistas, el resto del elenco, sus voces, la química entre los miembros del proyecto que estoy segura que quemará la ciudad y resultó mágico el que por una vez, por lo menos para mí, la traducción o adaptación del libreto al español sea tan buena. El número de las asesinas creo que es impresionante. Adoro Madrid y doy las gracias por tener espacios donde se muestren estos espectáculos con letras mayúsculas. No lo dejéis pasar¡¡¡¡
Totalmente de acuerdo, Milty. Yo estoy absolutamente encantado con este Chicago. El reparto, las coreografías, la adaptación… todo está en su sitio. Da gusto cuando las cosas se hacen bien.
Buenos dias.Estoy de acuerdo contigo en todo.En lo relativo a la extraordinaria calidad del espectaculo,aunque yo aún no lo haya visto pero espero poder hacerlo en breve,y en cuanto a lo que respecta a la poca originalidad en lo que a estrenos se refiere por parte de las productoras.Hay muchos grandes musicales que aún no se han estrenado en la Gran Vía.Espero que a pesar de la crisis el exito que espero y deseo tenga “Chicago” propicíe la llegada de nuevos espectaculos.Un cordial saludo y muchas gracias.
Francisco, ojalá alguna productora se anime de una vez a montarnos, por ejemplo, un Hairspray, un Wicked o un Avenue Q., por citar sólo algunos.
Por lo menos, mientras tanto tenemos este estupendo Chicago.