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Contágiate de la fiebre

Juan Pablo Di Pace y Beatriz RosEn 1977, en plena eclosión de la música disco, se estrenaba la película Fiebre del sábado noche protagonizada por un entonces desconocido John Travolta. La historia de Tony Manero, un joven  italoamericano de Brooklyn con un talento especial para el baile que lucha por abrirse camino en la ciudad de Nueva York, enloqueció al mundo entero y supuso en un enorme éxito de taquilla, lanzando al estrellato a su protagonista y convirtiendo a la banda sonora de los Bee Gees en uno de los 20 álbumes más vendidos de todos los tiempos.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que antes o después llegase la correspondiente adaptación a los escenarios, que tuvo su premiere mundial en 1998 en el West End londinense y que ahora, con un poco más de retraso, por fin podemos disfrutar en los escenarios madrileños de la mano de la productora Stage Entertainment. Eso sí, dense prisa en comprar sus entradas porque el próximo 30 de agosto el musical se despide definitivamente del Teatro Coliseum para embarcarse en una gira nacional por las principales ciudades del país.

Es indiscutible el atractivo de Fiebre del sábado noche. Todo el mundo conoce las pegadizas canciones de los Bee Gees y sus míticas coreografías han sido imitadas hasta la saciedad. Consciente de que la joya de la corona de este musical son precisamente sus trepidantes números de baile, la directora y coreógrafa británica Karen Bruce ha hecho sudar la gota gorda a la compañía española consiguiendo un resultado impresionante. Durante las dos horas que dura el espectáculo, los bailarines se sumergen en un vertiginoso maratón de danza perfectamente ejecutado que deja al espectador con la boca abierta. Merece una mención especial el actor protagonista Juan Pablo Di Pace, que se deja la piel en su interpretación de Tony Manero, con la dificultada añadida que su personaje está sobre el escenario durante prácticamente toda la obra.

Sin embargo hay algo en este Fiebre del sábado noche que no termina de convencer del todo. Y es que a pesar del buen hacer del equipo artístico español, uno no puede quitarse la sensación de que el tiempo también pasa en el Odisea 2001 y tal vez la historia que hace treinta años resultaba rabiosamente moderna hoy en día se haya convertido en una sucesión de clichés un tanto vacíos, sobre todo teniendo en cuenta que los elementos más duros de la trama han sido suavizados para acercarla a todos los públicos.

Con todo, Fiebre del sábado noche es un bonito y vistoso espectáculo que cumple a la perfección su cometido de hacernos pasar un buen rato, y además lo hace con calidad artística. Que no es poco.

Lo mejor: Los vistosos números de baile y Juan Pablo Di Pace.

Lo peor: Que la historia no acaba de enganchar.

Posted in General, Opinión.

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