A pesar de estar situada en una zona donde las rancias marquesonas campan a sus anchas, la sala Ramdall ayer por la noche parecía Nueva York y eso en honor a The Phenomenal Handclap Band, que son de allí y se nota. Público, con atuendo descuidadamente gafapasta con gorros de lana y bufandas de punto bobo de las de no quitarte jamás por asfixiante que se haga el ambiente, rematados con ropas viejunomodernas y gafas a la penúltima, medio llenó la sala, lo único que no tenía aspecto williamsburgués, que si llega a ser en el Nasti la cosa hubiera sido la hostia.
Los PHB, no confundir con los cepillos de dientes, ofrecieron un conciertazo, muy tacaño en la duración, apenas 55 minutos- poco muy poco para el precio de las entradas-, pero conciertazo, que se nos pasó como si hubiera durado un cuarto de hora, más teniendo en cuenta que no había mucha gente y eso permitía llegar a la barra, que nos sorprendió con precios “moderados” (8,5 € por un mini de cerveza cuando en cualquier otra sala un triste tercio son 5 lereles). 55 minutos de descarga musical setentero contemporánea, algo así como mezclar a Dee Lite con Led Zeppeling, que se nos pasaron bailando/volando. The PHB son una de esas bandas que se crecen en directo, superan con mucho el sonido de un disco difícil de aguantar del tirón, mucho más divertido, más bailable, más potente y rotundo. Solo se echaron en falta un mejor ajuste de voces, de las que solo se entendían los aaaaahh! uuuuuhhh! de los coros, todo lo demás impecable. En fin esto de ser de NYC se lleva en las venas y definitivamente yo tenía que haber nacido allí.
Como siempre el album de fotos
